En Granada hay edificios que parecen tener una memoria propia. Basta observar sus paredes, sus patios y sus antiguos portales para comprender que han visto pasar generaciones enteras.
Entre ellos está la Casa de los Tres Mundos, uno de los espacios culturales más conocidos del centro histórico granadino.
La historia de esta antigua casa comenzó durante la época colonial. Por entonces era conocida como Casa de los Leones, nombre relacionado con los leones de piedra que adornaban su entrada. Se estima que su construcción se remonta alrededor de 1720.
Durante muchos años fue una de las viviendas importantes de Granada. Pero la ciudad atravesaría uno de sus episodios más dramáticos en el siglo XIX. En 1856, durante la retirada de las fuerzas de William Walker, Granada fue incendiada. El fuego destruyó buena parte de la ciudad y la antigua Casa de los Leones tampoco escapó de aquella tragedia. De la construcción original quedó principalmente su impresionante portal de piedra.
La historia, sin embargo, no terminó allí. Con el paso de los años, el inmueble volvió a levantarse y comenzó una nueva etapa. En 1889 funcionó como Teatro Granada y posteriormente, en 1924, fue remodelada incorporando elementos neoclásicos. La casa tuvo después otras vidas. Fue vivienda, almacén, fábrica de muebles y juguetes e incluso colegio.
Quizás por eso recorrerla hoy resulta tan interesante. Sus paredes no pertenecen a una sola época. Cada etapa dejó alguna huella.
En 1987 comenzó un nuevo capítulo cuando el inmueble pasó a convertirse en la Casa de los Tres Mundos, concebida como un espacio dedicado a la cultura, el arte y el encuentro entre diferentes pueblos.
Después de un proceso de restauración, sus puertas volvieron a abrirse para recibir conciertos, exposiciones, talleres, cursos y diversas actividades culturales.
La música encontró aquí un escenario. La pintura, un espacio para mostrarse. La literatura, un lugar para reunirse. Y los niños y jóvenes de Granada encontraron también oportunidades para acercarse a diferentes disciplinas artísticas.
Para quien llega como turista, la visita tiene otro atractivo: la propia casa. Los corredores antiguos, los patios interiores, las paredes y la luz que se filtra desde los espacios abiertos crean una atmósfera tranquila. Mientras uno camina, resulta fácil imaginar que por esos mismos lugares pasaron generaciones de granadinos.