Era una noche lúgubre en el barrio indígena de Monimbó, a lo lejos una carreta halada por dos bueyes, conducida por la muerte, era la carreta nagua, que se acercaba a la multitud y se vislumbraba entre candiles incandescentes; poco a poco iban llegando diablos, ceguas y mocuanas, abriéndose paso a la procesión de agüizotes, la fiesta de espantos más grande de Nicaragua.

Este carnaval de mitos y leyendas, reúne a la mayoría de personajes de los cuentos ancestrales de miedo, se realiza en la ciudad de Masaya, un viernes antes de la salida del Torovenado de Monimbó (teatro callejero de sátira popular) que se hace el último viernes de octubre; niños, jóvenes y adultos de todas las edades, personifican a través de disfraces, diferentes historias tétricas se remontan a la época colonial.

El recorrido de esta tradición nicaragüense, que es parte de las fiestas para honrar a San Jerónimo, patrono de los masayas, inicia desde la plaza María Magdalena de Monimbó, donde se reúnen miles de nicaragüenses que bailan al son de chicheros y acompañan a los agüizotes, en un extenso camino por las principales vías de la ciudad de Masaya, entre ellas: Tiangue de Monimbó, Mercado de Artesanías, plaza de San Jerónimo y Parque Central de Masaya, hasta regresar al mismo punto.

Son alrededor de cinco horas, en las que mocuanas, el padre sin cabeza, ceguas, la mona, cadejos, taconudas, brujas, diablos, carretas haladas con bueyes y caballos y la famosa llorona -que busca a sus hijos perdidos- deambulan por las calles, algunos de estos espantos van con sangre en sus máscaras, manos y cuerpo, otros con candiles encendidos que soplan con alcohol o gas para que la llama incandescente aumente el temor de los espectadores que salen de sus casas para disfrutar del acto terrorífico.

Otros personajes optan por acompañar su disfraz, con palos que adornan en la punta con tripas de animales o los mismos animales muertos, pintura en botellas simulando sangre para tirarle a los curiosos y no falta el que arrastre algún animal carroñero en señal de algún presagio.

La música de los filarmónicos es sin duda “la cereza” de esta procesión, porque al sonar El árabe, La puta que te parió y la número cuatro, los protagonistas brincan, bailan y se mueven según el ritmo de estos sones alegres que despiertan al nica bailador que llevamos dentro.

Las máscaras y trajes de la mayoría de los participantes son elaboradas por los mismos artesanos de Masaya que se dedican a confeccionarlas para esta temporada; sin embargo, no falta el ingenioso que elabora su traje y máscara con originalidad.

Sin duda alguna, la procesión de los agüizotes es una celebración única de los nicaragüenses, propia de los habitantes de Masaya, pero que reúne los mitos y leyendas más famosos de todo el país, formando una fiesta cargada de originalidad, algarabía, tradición e idiosincrasia.